sábado, 17 de mayo de 2014

Hippie y no Tanto.



Desde que soy mamá me convertí en la “hippie” de la familia, honestamente no considero que encaje en el calificativo, creo que me queda mucho camino por recorrer. Consumo muchas cosas que pertenecen al sistema (incluyendo la educación y la salud), me cuesta mucho no tener celular, evitar viajar en transportes contaminantes o reducir la basura. Me encantaría sólo reciclar.

Desde que soy mamá, este pequeño mundo en el que vivo me enseñó que un bebé tiene que llorar para que no moleste, que mejor si duerme solo, que la teta después de los seis meses no tiene razón de ser, que los pañales descartables son practiquísimos, que si es Bayer es bueno y que si es un juguete caro mejor.
Todos esos mitos fueron derribados poco a poco, mi instinto no soporta un bebé llorar, simplemente sufro. Adquirí el arte de dormirlo con mi teta y calor. Llegando a los seis meses me pareció muy chiquito para iniciar el destete (y temprano) tampoco me pareció al año, y sorpresa! descubrí que la lactancia hasta los dos años es posible y mi hijo tiene un sistema inmune espectacular. Los pañales descartables serán prácticos pero los de tela también lo son y me permiten reducir la basura y costos. A los remedios los veo con menos cariño, a mi segundo hijo no le di hierro y vitaminas y tampoco le puse todas las vacunas. Y en cuanto a los juguetes, hay algunos de mucha calidad a muy bajo costo y mi hijo últimamente juega con un amigurrimi hecho con mucho amor por su tía cuando tenía 3 meses de embarazo.

Esos pequeños y grandes cambios a los que poco a poco nos fuimos animando nos  dieron muchas satisfacciones: portear a mi bebe, en lugar de ponerlo en el cochecito, generó un vínculo inmenso, los pañales de tela son preciosos (aunque aún uso un poco los descartables), separar la basura y comenzar con los ecoladrillos,   ayuda a dar el ejemplo a nuestros hijos (el mayor ya me trae la botella cuando termina alguna golosina o quiere tirar una bolsita). Vivimos muchísimos años sin televisión y hoy en día no vemos casi nada, nos acostumbramos a verla un rato y nada más. Una de las cosas que esta nueva manera de ver la maternidad me dio, fue la tribu. Es genial poder atravesar una crianza menos convencional acompañada, estuvieron ahí en las buenas y en las no tanto, durante mi trabajo de parto y en cada avance que Silvestre fue logrando. Conectadas hasta la médula, la maternidad con ellas tiene otro color y sabor! Agradezco a la tecnología que nos ayudó a formar este puente y seguir aprendiendo de ellas día a día!

Gracias chichis, las quiero.


Paz. 

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